Porque aquí a estas horas, más que sosiego, lo que hay es pax romana: nunca se sabe cuánto durará. Al menos, tengo las dos manos libres, el cenicero al lado y algo de silencio (si no tengo en cuenta las obras que parece estar llevando a cabo el ventilador de la CPU).
Digamos que esto de la maternidad doble no es por ahora un camino de rosas: siempre hay un niño reclamando atención. Antes de Navidad Ciro sabía entretenerse solo bastante bien pero, después de tres semanas de marcha familiar, ha descubierto cuánto mola que lo diviertan a uno y le rían las gracias, incluso más que dar golpes con un juguete en la mesa de cristal, y ya no quiere otra cosa que estar con o en brazos de alguien. No se lo reprocho, su repertorio de actividades es aún muy limitado y yo en su lugar querría lo mismo que él; lo que pasa es que ¡no doy abasto! ¡Santiago pide teta sin cesar! ¡Y luego tiene gases! ¡La ropa sucia amenaza nuestra seguridad! ¡La pelusa se reproduce sin tasa!
Menos mal que SuperTero me tiene la cocina como los chorros del oro.
¡Socorrooooo!
Esta es la canción que trae la paz a casa cuando parece imposible:
Ciro
Santiago
Merceditas
José María
Héctor
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