Los floreros y ceniceros, los libros de las estanterías superiores, los cuchillos, ollas y sartenes y en general toda esa canalla que se encarama a lo más alto para evitar ser alcanzada, tiene buenas razones para inquietarse: Ciro "el Tsunami", el enemigo de lo frágil y adicto al peligro, ha adquirido superpoderes.
Hasta ahora, el mundo del hampa doméstica había conseguido gozar de una relativa tranquilidad tras el repliegue a que hubo de someterse cuando nuestro héroe comenzó a andar. Ya la fase del gateo los había obligado a ascender un tanto sobre el nivel del suelo para preservar su seguridad en unos casos y ocultar sus morbosos encantos en otros, por lo que la nueva escalada provocada hace unos meses por el bipedismo de Ciro no supuso un cambio traumático de las costumbres. En esta ocasión, sin embargo, un salto cualitativo en las capacidades de su oponente amenaza con destruir la inestable paz que disfrutaban y alterar con ello el equilibrio de toda la sociedad hogareña.
Todo comenzó como un vulgar resfriado: unas décimas de fiebre, ánimo penoso, abundante mucosidad y somnolencia. Según fuentes tradicionales, la debilidad y la fiebre suelen acompañar las fases de crecimiento; algunos especialistas creen que la subida de temperatura puede provocar la visión de un monolito negro de forma rectangular, relacionada con la súbita adquisición de nuevas habilidades como la del manejo de herramientas para interactuar con el entorno. En cualquier caso, Ciro pasó unos días comiendo poco y durmiendo mucho sin que nada hiciera sospechar el cambio que se operaba en su interior. Cuando se recuperó, mostraba un nuevo interés por realizar por si mismo tareas como ponerse los zapatos, comer con el tenedor y encajar piezas de un puzzle.
Ciro
Santiago
Merceditas
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