Hace unas semanas intentaba hablar pero no sabía cuál era el mecanismo. Torcía la boca y apretaba los puños, poniéndose bastante feo y sin conseguir sacar sonido alguno. Pues bien, ya dio con la tecla: desde ayer, cada vez que le preguntan algo responde con largas parrafadas acompañadas de gestos, que interrumpe para esperar una respuesta y seguir luego, si se le anima, con su historia.
Lástima que de momento sólo maneja las vocales “u” y “o”, lo que limita un poco el repertorio de sus historias y un mucho el comprenderlas pero, como él tampoco se entera de lo que le dicen, las conversaciones resultan muy amenas.
Ciro
Santiago
Merceditas
José María
Héctor
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